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lunes, 13 de abril de 2009

Madame Pompadour

Esta mañana he conocido a Madame Pompadour. Bueno, la verdad es que todo el mundo la llama Pompi. Es morena y bastante más alta que yo. Le gusta la hierba fresca y es bastante tranquila, aunque tiene su genio cuando se trata de comer.
También he conocido a Cartutxo, que es más o menos de la misma altura que Pompi, es castaño claro y aún más tranquilo que ella. Es la primera vez que estoy con alguien como ellos, aunque hace tiempo que tenía muchas ganas de salir a pasear como lo hemos hecho esta mañana.
Ellos viven junto a otros 33 compañeros más de su misma especie, la dálmata Crispeta, la oveja-perro Piruleta, el perro Chupachup, el gatito Donete, el gato Don Croqueta, el perro pastor catalán Rufus, un canguro enano que aún no he podido conocer, algunos amigos más de cuatro patas, Neus y Bernat en Vilaformiu. Es una hípica que está al lado de Berga, aunque la verdad es que parece un poco un arca de noé.
Pompi tenía hambre ya antes de que la montara, y ha estado todo el tiempo intentando escapar a por un poquito de verde para comer, tanto si yo estaba en el suelo como si estaba subida sobre ella. Nos han presentado en la pista de entrenamiento, y hemos estado dando un par de vueltas para conocernos la una a la otra antes de salir a campo abierto. Es un animal muy sensible, como todos los de su especie. Le cuesta un poco ir a la derecha, pero nos hemos entendido bien. Neus me ha explicado que todos los caballos tienen un lado bueno y uno no tan bueno por el que les cuesta un poco más girar. Yo lo he descubierto intentando evitar un charco con Pompi.
Cuando Neus ha visto que estábamos más o menos compenetrados con Cartutxo y Pompi hemos ido a dar una vuelta por los alrededores. Nada de estrés ni de carreras, un paseo tranquilo disfrutando del paisaje y de los animales y, sobre todo, acostumbrándonos los unos a los otros.
Al volver ya me encontraba bastante segura sobre la silla, y no me ha importando que Pompi cogiera un poco de carrerilla según nos acercábamos a la entrada.
Un tentempié de algarrobas (Neus nos ha contado que son como gominolas para ellos) mientras les quitaban las sillas y les llevábamos a sus cuadras, y listos.
Total, una mañana estupenda que hemos estado de acuerdo en que repetiremos seguro.
:)

miércoles, 28 de enero de 2009

Temporal en Sant Boi


No voy a hablar del estadio de béisbol, porque ya lo han hecho suficiente por la tele a todas horas. El morbo que aún pueda quedar (y seguro que para algunos aún queda), se lo dejo a los magazines de las tardes...
Ahora que ya ha pasado una semana desde el temporal que nos ha hecho salir a los 'santboians' en todas las televisiones, aún nos queda la resaca del tremendo desastre. Cuantos más días pasan y más descubro en mis paseos de las tardes, más terrorífica me parece la fuerza que llevaba el huracán que se nos vino encima. Creo que no exagero demasiado llamándolo así, ya que los vientos fueron superiores a los 100km/h (he oído que rondaron los 120km/h). He estado buscando información por internet sobre este tema, y he descubierto que los huracanes se clasifican siguiendo una escala llamada "Saffir-Simpson". Esta escala clasifica los huracanes según la intensidad del viento, y fue desarrollada en 1969 por el ingeniero civil Herbert Saffir y el director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Bob Simpson. Según esta escala, y suponiendo ciertos los 120km/h de los que hablaron por la radio la semana pasada, el pasado viernes negro Sant Boi fue azotado por vientos de categoría 1, que es la menor de las 5 categorías de las que consta la escala Saffir-Simpson.
Según las especificaciones de esta escala, los vientos de categoría 1 no provocarían daños en las estructuras de los edificios. Básicamente afectarían a casas flotantes no amarradas, arbustos y árboles, y producirían inundaciones en zonas costeras y daños de poco alcance en puertos. Bueno, esto está bien, pero yo he visto
como ha quedado el pueblo y me atrevo a suponer que tuvimos alguna que otra racha un poco más fuerte (no hace falta que mencione otra vez el estadio...). Sin ir más lejos, en el patio de casa nos hemos encontrado con trozos de varios de los edificios vecinos: ladrillos enteros, voladizos, azulejos, uralitas y planchas retorcidas de tabiques fluviales. En cuanto a los árboles arrancados que he visto con mis propios ojos... bueno, no eran arbustos precisamente.
En La Muntanyeta, en la explanada de detrás de la biblioteca pública de Jordi Rubió i Balaguer, era como si una mano gigante hubiera aplastado todos los pinos en la misma dirección. Estaban arrancados de cuajo o partidos por las raíces.
En el jardín de la Llar Sant Josep el viento fue capaz de tumbar un pino centenario. Era más alto que el edificio de 5 plantas que hay justo al lado, y el diámetro del tronco rondaría el metro. En su caída derrumbó tres muros, aplastó un Renault Clio, e invadió dos patios con la copa. Me dio mucha pena ver este pino así, porque ya lo recuerdo enorme cuando yo era pequeña (la zona era todo montaña, íbamos a hacer la clase de gimnasia allí con el colegio).
Por la zona de Benviure ha sido todavía peor. No me atreví a ir por allí hasta pasados seis días del desastre y, cuando por fin vi cómo había quedado todo, fue tremendo. El viento ha destrozado más de la mitad del bosque
, árboles viejos y grandes arrancados de cuajo, levantando en el aire las raíces enteras y toda la tierra que las rodeaba, y dejando un enorme agujero en el suelo. La mayoría de las raíces que he visto eran más altas que yo, y algunas incluso llegarían a la altura del balcón de un primer piso. Hice algunas fotos que he colgado en mi zona de Picassa, pero creo que no son capaces de dar fe de lo que se siente cuando se camina entre esos troncos destrozados... Era como si hubieran bombardeado la zona... En cuanto pueda, colgaré los videos en YouTube y colocaré aquí un link.
En fin, que creo que nos va a costar mucho poder recuperar la zona del tremendo estropicio, si es que es posible recuperar algún día la gran cantidad de bosque echado a perder. Espero no tener que volver a ver algo así nunca más.

viernes, 6 de junio de 2008

De paseo... por Benviure

Lo malo de que llegue ya el buen tiempo, a parte de la aún evidente falta de agua, es que se termina la temporada de espárragos. Saliendo como salgo todas las tardes (fines de semana incluídos) a caminar un par de horas por la montaña con Terra, siempre se agradece el poderse entretener jugando a buscar cosas, dícese a Wally, dícese erizos, ardillas, lombrices de tierra, saltamontes, tórtolas, gorriones, musarañas, golondrinas, murciélagos, ratones de bosque, topos, jabalíes, víboras, o cualquier otro de los bichos que tenemos al lado de casa y que nos encontramos en nuestra caminata todos los días. Y hombre, tampoco es que le hagamos un feo a un manojillo de espárragos para cenar.

Tenemos la suerte de vivir en una especie de península boscosa, ya que Sant Boi se encuentra rodeado de montaña y bosque por todas partes menos por una, que es precisamente por donde el río Llobregat nos separa de la vecina Cornellà.

En el resto de direcciones estamos prácticamente rodeados por el parque forestal del Montbaig. La montaña más célebre de la zona es la de Sant Ramón, con su ermita en la cima (unos 389 metros de altitud). Bueno, la verdad es que Sant Ramón es el nombre por el que se la conoce pero no es su nombre auténtico. En realidad la montaña de Sant Ramón no es otra que el Montbaig, pero casi nadie lo sabe (ni siquiera la mayoría de los santboyanos), puesto que desde hace mucho tiempo popularmente se llama siempre a la montaña por el nombre de su ermita.

Sant Ramón comparte aledaños con el valle de Santa Bárbara, el estrecho de Roques camino de Sant Climent, el Bori, Can Carreres y Can Paulet en la falda de la montaña de Sant Ramón, que termina en la zona de Benviure antes de volver a subir, esta vez en el centro del pueblo, la corta pendiente de la Montañeta y el Puig del Castell.

Aunque es posible encontrarlos en cualquier parte, incluso en pleno parque de la Montañeta, la zona de bosque más accesible para recoger los codiciados espárragos es, quizás, la de Benviure. El acceso está un poco escondido y no se vé a simple vista desde la calle, pero hay varios caminos que suben desde el estadio del club de fútbol Marianao. Este de la foto es uno de ellos.


Una vez que estamos en el camino de subida, hay algunos trozos en los que puede parecer que se pierde una en medio de la nada verde, pero si miras hacia arriba y ves las copas de los pinos como a diez o quince metros por encima de tu cabeza (es un bosque viejo), da gusto quedarse un rato en silencio escuchando solo los ruidos del bosque. De todas formas, lo de perderse solo es una sensación ya que el camino, aunque estrecho, está perfectamente delimitado (es zona de paso a pie de los vecinos de las casas del pie de la montaña).


Para volver a casa siempre me gusta tomar la pendiente que va desde los palomares a las pistas municipales de petanca, ya que atraviesan una zona sin árboles invadida por la retama y la vegetación baja. Suele ser vegetación muy resistente por estar expuesta a las constantes rachas de viento que soplan todo el año en ese lado de la montaña. Cuando la retama florece, seguir el camino por entre los arbutos amarillos que te sobrepasan en altura es toda una experiencia. Solo hay que tener cuidado de no hacerse ningún arañazo en la cara, porque el camino aquí se estrecha aún más y las ramas de los arbustos grandes de retama están rematadas por unas puntas agudas.

¿En qué parte del recorrido estaban los espárragos? Eso, igual que hacen los boletaires cuando les preguntan dónde encontrar las setas, creo que nos lo vamos a guardar Terra y yo.
¿O es que pensábais que os lo íbamos a contar todo?
;P